¿De qué planeta son los Rolling Stones?

¡Los Rolling Stones no son de este mundo!… Quizá sólo por su piel arrugada, propia de los seres humanos cuando envejecen. Pero más allá de eso, nada. Ni la media de 71 años que promedian los cuatro refleja si son o no de este planeta.

Y es que con tan sólo ver a Mick Jagger, quien no ha dejado de moverse como una lombriz por el escenario, bailando con esos pasos que sólo él sabe hacer, confirmo que estoy ante un tipo con una condición física incomparable.

Pero no sólo él. Keith Richards y Ronnie Wood se avientan unos solos de guitarra y bailan y se mueven por el escenario, que ocasionan que me pregunte: ¿Cómo pueden hacerlo? Por si fuera poco, mantienen el ritmo y estilo con la rectitud de un baterista concentrado como es Charlie Watts.

Los Rolling Stones provocan que los miles de fans se pongan a saltar con sus canciones y, además, muevan el piso. Parece como si estuviera temblando. Pero son los fans, los que no dejan de bailar y cantar este rock and roll-blues-country que contagia.

Yo, a pesar de ser el tipo más inepto para asistir a los conciertos –aquel que ni canta ni baila ni mueve las manos y sólo se queda parado escuchando la música y sintiendo el ambiente de la gente. Pero, por alguna extraña razón, es invitado a los conciertos. Este no es la excepción-, experimento lo agradable y divertido que es ver a los Rolling Stone en vivo –aunque sea a varios metros de distancia-, además de oír el sonido especial e inimitable que hacen estos tipos viejos de otro planeta.

Mick Jagger es como un niño chiquito que se hace el payaso ante su familia, con cada gracia que hace reír. Si no es la libertad de cada uno de sus pasos de baile, son sus simpáticos comentarios en español poco fluido. “Hola, guey”, “Ustedes son chidos”, “Sean Penn vino a entrevistarme… ¡pero me escapé!”. Comentarios que provocan que miles de personas aplaudan como si no hubiera un mañana, con gritos apasionados que agradecen lo que acaba de hacer.

Como Star me up –la primera canción del concierto-, es Satisfaction, la última canción, la que vuelve loca a los fans. Entonces unos chavos de casi treinta años empiezan a empujarse entre sí, simulando un baile, mientras otro de casi 1.90 de estatura dice “¡No lo puedo creer!”, sin dejar de mover la cadera y los brazos como si fuera cámara lenta, emocionándose.  “¡Malditos Rolling Stone!”, pienso. “Podría escuchar su ritmo toda la vida pero ya me cansé de estar parado dos horas. Y eso que no he bailado como ustedes, ¡tipos viejos de otro mundo!

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