La supuesta libertad para elegir lo que quieres ver

Lo que más se celebra en estos momentos de Netflix, Clarovideo, Amazon y demás, es que podemos elegir lo que queremos ver.

Pero, ¿cómo algo que ya está impuesto puede darte una libertad de elección?

Sí, puedo escoger la serie que se me antoje, sentándome y decidiendo si me echo varios capítulos o bien si mejor intento con otra serie. O tal vez película. O documental. O concierto en vivo.

Todo ese contenido que ya estaba en la televisión dividido en canales y horarios, ahora junto en uno solo para decirte que tú tienes el control, que nadie te impone qué debes ver, que tú decides qué miras a la hora que tú gustes.

Dos cosas.

Uno. ¿Por qué está designado el hecho que debemos de ver algo donde los contenidos abundan por donde sea? ¿Por qué no sólo la selección de lo que sé que veré?

Dos. ¿Quién decide el contenido que está en Netflix y Clarovideo? (Las series producidas por Amazon son entregadas al público en su episodio piloto, según lo que voten las personas, producen la serie completa).

No me pondré como conocedor de la televisión cultural pero hay cosas asombrosas que podrían verse de corrido y aquí no están, como ese programa accesible de filosofía Aquí y ahora o el mexicano Imaginantes

De nuevo, como en la televisión –que tanto se deslindan productores y consumidores de estos servicios-, aquí dicta lo que las empresas dicen que los espectadores deben querer ver.

Aunque, debo señalar que gracias a Clarovideo vi series que creo no habría llegado a ver –pese a ser accesibles en su búsqueda-. Una fue Wilfred y otra Louie –la cual ya quitaron del servicio-. Las dos de FX, las dos de esas que pasan a las 12 de la noche entre semana. No puedo dejar de lado ese brillante ejercicio de humor y entretenimiento que es  The Tonight Show: late night conducido por Jimmy Fallon, presentador crítico e ingenioso (Nunca se ha transmitido en México).

Lo poco que he visto de Netflix (Master of None, Bojack Horseman, Derek, Jessica Jones) es un reflejo de la calidad garantizada en historias y producción.

Además, celebro de estos sistemas su no publicidad, su apuesta por el contenido que ya está en el servicio, dejando al espectador con el tiempo real de la producción, sin tener que esperar anuncios.

Pero esto mismo funciona al revés, incluso generando una situación para considerar. De un modo te da el tiempo justo que debes ver, pero es eso lo que incita a que veas más. Al saber que lo puedes hacer. Y lo que implica es una inmersión en el producto, que te aleja del por qué y cómo de lo que haces. El resultado es olvidar el consumo y el mundo en que se realiza este.

Dicha forma parece traducirse con las redes sociales, los celulares y hasta las compras por internet. Una burbuja donde la accesibilidad, la libertad y las infinitas opciones se abren camino para navegar y perderse dentro de ellas.

No creo deba desecharse Netflix ni Clarovideo ni todo lo que se le asemeje. Pienso que sólo se tiene que tomar una cierta distancia ante ello. Considerar que quienes manejan estos servicios, pueden pretender intereses sociales en una sociedad que lo que menos sabe al consumir es que de esto se alimenta el comercio. Debemos reflexionar sobre cómo consumimos.

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2 Comments

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  1. No sé, si este de acuerdo contigo, amigo. Creo que necesitas ver o consumir más estos servicios.Me basaré en lo que he visto. Las personas son muy flojas a la hora de buscar un contenido, se van por lo que sale en la página de inicio. Claro es parte del marketing. Netflix tiene un documental que te recomiendo que veas, Miss Representation, trata sobre como los contenidos audiovisuales ejercen una influencia sobre nosotros. Más en el como la mujer es vista como un objeto. Algo que en las televisoras no han pasado. Te puedo decir otros pero no es el caso. Creo que si hay cierta libertad dentro y fuera de estos servicios. Sólo hay que buscar.
    Saludos!

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    • Hola. Gracias por tu comentario y recomendación. Espero verlo.

      Entiendo tu punto pero lo que quiero decir es que debemos pensar cómo se consume esto, no en buscar si hay una libertad por lo que se pueda o no ver.

      Desde el ofrecimiento impuesto por ver los contenidos completos -en una (supuesta) generosa acción de las empresas, que en realidad sólo se basa en llevarse al mercado y dictar las reglas de producción-, se pierde el razonamiento del porqué y qué implica la acción, más allá de la creencia que los que ganan son los consumidores por no tener horarios (como en la televisión) y sí libertad para verlo cuando quiera. El usuario se siente libre por tener el control cuando alguien ya dicto que haga eso.

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