Jacarandas en mi Gran Ciudad de México

Es martes al medio día y la Ciudad luce diferente. Son vacaciones de Semana Santa. Los capitalinos han salido a diferentes estados a disfrutar y alejarse unos días de esta ciudad tan ruidosa y estresante. No hay tanta gente como se acostumbra. Las calles del Centro Histórico están vacías, así que se puede caminar libremente por los alrededores.

El día está nublado y a pesar de este pequeño defecto, se pueden admirar esos grandes árboles: algunos flacos y otros rechonchos. De sus ramas, salen flores color lila. Muchas personas no han de detenerse a admirar lo bonitas que son. La naturaleza nos habla constantemente. Pero muchos no la escuchan.

Hoy es un día diferente. Especial porque esos árboles frondosos son observados por una chica de veinte años. Una chica con miles de cosas en la cabeza. Tan igual como cualquier otra pero tan diferente como ella misma dice ser. Antes de darse cuenta de tan maravillosa imagen, llevaba puestos unos audífonos donde sonaba el álbum completo de Birdy. Salió de la estación del metro Bellas Artes e iba hacia Paseo de la Reforma. Sus pensamientos se centraban en cuál sería su próxima publicación para The Entretenido. Entonces su mirada se concentró en esos grandes árboles que están sobre Reforma.

La chica curiosa detuvo su reproductor, se retiró los audífonos y se sentó en una banca que estaba justo debajo del árbol. Sonrió.

Pensó que de tan apuradas que están las personas, olvidan disfrutar las pequeñas cosas que nos regala día a día esta Ciudad.

El estrés del trabajo o la escuela, los problemas personales y sociales, el caos vehicular, el ruido de millones de personas, las manifestaciones, la crisis ambiental, todo es factor para olvidar que ha llegado la primavera y con ella, las jacarandas dispuestas a darle otro brillo a esta gran Ciudad.

La chica veinteañera cambió el rumbo de su destino. Se dirigía a la colonia Roma a comer sushi. Pero como todo en su vida suele ser repentino. Las mejores cosas -dice-, suelen pasar sin ser planeadas. Así que decidió ir a la biblioteca Vasconcelos para investigar sobre esos árboles que la habían sorprendido por la mañana.

Se llaman Jacarandas. Dichos árboles son originarios del Noroeste de Argentina. Miden –aproximadamente-, de ocho a doce metros de altura. Sus hojas son verdes. Pero en la primavera florecen y cambian a un color lila. Son sensibles al frío. Qué bueno, porque la joven veinteañera detesta el frío. Así que tienen algo en común.

Un dato curioso: las jacarandas sirvieron de inspiración para los textos del poeta  Octavio Paz.

A principios del siglo XVIII, las jacarandas llegaron a Veracruz -Estado de la República favorito de la joven veinteañera. Segunda cosa en común-. Después fueron traídas a la Ciudad de México, ya que los estudiosos notaron que se adaptaban al clima.

Las jacarandas pueden vivir hasta cien años. Al ser traídas a la Ciudad se plantaron numerosos árboles en zonas como: Avenida de los Insurgentes, Paseo de la Reforma, Alameda Central y Ciudad Universitaria, además de parques como el parque España y parque México.

En un libro titulado “Los arboles de la Ciudad de México”, hay un apartado en el que dice que la plantación de las Jacarandas en la Ciudad es de gran utilidad, ya que absorbe el plomo ambiental y así, ayuda a que los capitalinos respiren un aire más limpio.

Después de dos horas investigando sobre las Jacarandas -con libros a su alrededor y un motivo más del por qué admirar los árboles-, la chica veinteañera ya sabía cuál sería su próxima publicación para The Entretenido.

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