Suficientes conflictos

Es como ver la secuela de una mala película. Y no mala por su calidad de entretenimiento, sino por el sabor de boca que te deja al momento de verla. Saber que puede ser una historia completamente diferente si tan sólo sus productores fueran sensatos y dejaran que las cosas siguieran un ritmo normal y no alteraran el curso de las acciones. Todos lo disfrutaríamos. Pero llega alguien a cambiar ese orden.

Quizá mi comparación con una película de lo que pasa en el mundo puede ser inapropiada. Pero de momento no encuentro la forma de describir cómo me hace sentir lo sucedido en Bélgica esta semana.

Si los atentados en Francia hace unos meses no hubieran sido lo suficientemente escandalosos, ahora tenemos una segunda entrega del evento, en una ciudad no muy alejada de donde se inició. Es un acontecimiento que no se desea esté ocurriendo. Mucho menos por segunda ocasión. Hay muchas cosas que se pudiera decir sobre sus autores, la situación política y demás conflictos gestados en instancias altas de gobierno. Pero la verdad no me quiero meter en esos terrenos.

Lo que llama mi atención es ver la bifurcación que existe en cuanto a sensibilizarse por los eventos de Bruselas. Unos se muestran dolidos y sienten una pena; otros por momentos parecen no darles importancia. A diferencia de noviembre pasado en París, esta vez existe una menor afluencia de opiniones –tal vez por la época vacacional donde las prioridades son otras, o quizá porque no es novedad-. Sin embargo, es muy notable que en el mundo, o al menos en la opinión pública mexicana, nuevamente han surgido dos bandos extremos.

He procurado ser promotor de la libertad de expresión. Entiendo que es muy válido lo que cada persona piensa. Lo que no he podido tolerar muy bien es que la diversidad de opiniones surja a partir de una oposición irracional, donde simplemente se busca desprestigiar una postura, aun cuando no se es simpatizante total de la opuesta.

¿Cuántas personas realmente conocían lo que pasaba en Siria antes del atentado en París? Cuando hice esa pregunta abiertamente para ser alcanzada por alrededor de 100 personas, solamente una de ellas afirmó haber estado enterada de la situación. Los demás lo hicieron a partir de la invasión de críticas en las redes sociales y otros medios, -aparecidos en la segunda mitad de noviembre del año pasado-. Seguramente esta oleada la inició alguien informado, no me queda duda, pero hubo un gran número de seguidores de la tendencia que cayeron justamente en lo que tanto reprochaban de los opuestos: la ignorancia y el villamelonismo (usando el coloquial mexicano).

En su momento expresé la misma opinión que voy a dar en las siguientes líneas: un atentado terrorista es un hecho simplemente repudiable. El asesinato a sangre fría de personas al azar, la destrucción de vidas, patrimonios y orden es algo que no debería ocurrir jamás, llámese Francia, Bélgica, Europa, Siria, o cualquier región o país del mundo. El hecho de que un evento así ocurra en una ciudad muy conocida en el mundo, o en un país de Medio Oriente en conflicto, no lo hace más ni menos lamentable e importante. Deberíamos ser empáticos con esta causa, sin discriminar dónde suceda.

Tenemos que ser conscientes de las cosas tal cual ocurren y compartirlo con nuestra comunidad. Ya existen suficientes conflictos armados como para, además, sumarle un conflicto de opiniones.

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